Las piernas

Las piernas: sus especifidades

(¿Te atreves a leer esto sin sentarte? ¿Situarías por mí la pantalla encima de tus muslos y, con la cabeza gacha, afrontarías los siguientes párrafos? ¿Harías eso para sentir tus piernas mientras lees lo que he escrito sobre ellas?)

Las piernas sirven para andar. También para estar de pie y, más aún, para mantenerse en ese estado. ¿Necesitabas leer esto para saberlo? Pero tal vez sí debas seguir leyendo para descubrir otros aspectos menos comentados de las piernas.

Por ejemplo que, como el resto del cuerpo, son antes que nada huesos cubiertos por músculos, carne, piel, y que esto que acabo de escribir no es del todo cierto porque “huesos, músculos, carne, piel” no son sino palabras genéricas, incorrectas, que no terminan de definir nada concreto y que usamos como sustitutivo de la detalladísima realidad quienes desconocemos la terminología anatómica específica. En todo caso, las piernas, sean cuales sean los nombres de los elementos que las componen, capa tras capa, son, como el resto del cuerpo, una parte más de este, inseparable de él.

¿Tiene sentido entonces escribir de ellas de manera independiente, sin tener en cuenta el cuerpo al completo? Sí, porque una pierna no es un ser y escribimos constantemente sobre entes que no existen por sí mismos. Y sobre todo porque entre una pierna y una oreja, incluso entre una pierna o un brazo, hay más diferencias que las que separan un hombre de un perro.

Por ejemplo: lo característico de la pierna es su alargamiento. Es algo que sale de un sitio (la cintura, o la ingle, según dónde se empiece a contar) para llegar a otro (el pie o, si nos ponemos fenomenológicos, el punto en el que uno deja de ser uno para ser uno-en-contacto-con-el-mundo) y, lo relevante aquí, este camino lo hace en la vertical más clara que posee el ser humano. (La columna vertical, como describe su nombre, también tiene tal naturaleza longitudinal pero, salvo tragedia, suele estar oculta y, por tanto, no debe ser la primera en nada; ni siquiera en esta humilde clasificación que revaloriza la importancia de las piernas.)

Como algo elevado, tienden también a elevar a quien las posee en mayor longitud; dicho de otra manera, a piernas más largas puede aspirarse a puesto más alto en la escala social. Las piernas, así, son algo que se eleva y a la vez eleva.

La longitud de las cosas es de gran importancia: una larga carrera, una vida larga, un sueño largo y profundo, una relación que no fracasa demasiado pronto. Lo largo, por tanto, acompaña al triunfo (y eso cuando no es la causa del mismo). Piernas visualmente largas traen beneficios. El truco está en ese “visualmente”, ya que hay recursos y tretas para engañar al espectador de un par de piernas y hacerle creer que no son cortas, es decir, que están hechas para el éxito. Para el beneficio de su poseedor (quien, a su vez, es casi siempre de altura destacada). Algunas de estas artimañas: zapatos que colocan los pies en diagonal, tacón arriba punta abajo; pantalones o faldas abrochados más allá de la cintura; un leve torcimiento de una de las rodillas para que el cuerpo parezca necesitar agacharse para relacionarse con el mundo (¡que queda allá abajo!) por culpa de unas piernas anormalmente estiradas, deformes, heroicas. No es un tema menor, pues el dominio de estas astucias en el día a día es clave para muchas personas.

Sin duda, las piernas cortas pueden alcanzar la grandeza, incluso la de corte económico, pero será a costa de ellas mismas.

Volviendo a la cosa en sí: las piernas, sin importar su tamaño, son como mármol, o como membrana.

Son también elementos de esa categoría del mundo que abarca lo romo. ¿A quién no le gusta lo romo? Pues las piernas, junto a las mejillas y, en afortunadas y núbiles ocasiones, las nalgas, son las reinas de lo romo. La redondez justa, sin el exceso de lo cular, firme en el gemelo, es la cima de la belleza no afilada. Las piernas, cuanto menos perfiladas, mejor.

Por otro lado, hoyuelos y durezas en su superficie no solo son admisibles, sino recomendados. La infrecuente visión de un muslo aplastado por el gemelo propio de la pierna opuesta al sentarse transmite poder. Es intenso. Es carnal. Cuando el muslo en tal postura muestra una hendidura y el gemelo desplaza su bola nos encontramos, quizá, ante el apogeo de la pierna.

Pero sirven para más que ser plegadas, ostentadas, entrenadas o montadas como método de locomoción. Las piernas tienen también presencia en los placeres: su tersura, o tal vez su acolchamiento, o su rigidez, enardece las miradas. Son dos barras que se miran y se tocan, se recorren, se aprietan y se besan. Se pulsan. Postes que se muestran con orgullo a cualquiera que pase. Acaso sirven para afirmar la seguridad en uno mismo, si son farolas.

Duras o blandas, las piernas peludas recuerdan nuestro origen animal, aunque menos que los brazos al no ser simiescas. Vello atrapado en las gomas de los calcetines y pelos acariciados por un amante, que pasa su mano rozándolos como si tratara de sentir las puntas de la hierba. Un halo que las cubre en la iluminación adecuada. Decoloraciones, depilaciones, ocultamientos; todo ello se comete sobre los pelos de las piernas porque debe hacerse. Es también, aunque de otro modo, lo natural.

Y el sexo.

Los choques entre pares de piernas, entre cara frontal y cara trasera. Los ritmos que se convierten en texturas al unirse unas piernas con otras. El frotar algo que queda aprisionado en el interior de la carne de dos muslos, o cuatro muslos que se frotan entre sí. La palmada acompasada, repetida.

Las piernas como escupidera, como recipiente de los líquidos que chorrean, como es inevitable que pase cuando todo encaja y el mundo está bien.

Lo único malo es que para hablar de las piernas humanas no hay sinónimos. (Siendo exactos, la mayoría de cosas esenciales solo pueden nombrarse con una palabra.) Patas, extremidades inferiores, miembros… ¡No! Las piernas son piernas y da igual repetir este sustantivo. Escribirlo una y otra vez es el equivalente a un paso y al siguiente, cada “pierna” negro sobre blanco es cada paso que damos con el movimiento de las piernas. Pierna, adelante, pierna, adelante. Obsérvala en su movimiento (¿la ves?).

¿Qué piernas quisieras ver ahora? En todo momento hay ciertas piernas, o tipo de piernas, que deseamos. ¿En qué posición, circunstancia? ¿Desde qué angulo? ¿Quisieras verlas o sentirlas de otro modo?

¿Cómo estaban colocadas tus piernas mientras leías este texto? Mira hacia abajo y descríbelo con una frase.

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